Cómo asumir cirugías complejas sin contratar a un cirujano ni perder al cliente

Escrito para titulares de clínicas generalistas que derivan más de lo que les gustaría. No es un alegato contra los hospitales de referencia, que hacen falta; es una forma de decidir qué se queda en casa.

Lo que cuesta derivar, además de la cirugía

Cuando derivas una esplenectomía o una hernia perineal, el propietario conoce otro centro, con más aparatos y más gente en bata. Una parte de esos clientes vuelve; otra parte, no del todo: la revisión la hacen allí, la siguiente urgencia la llevan allí, y en un par de años la clínica ha perdido una familia entera de pacientes sin que nadie lo haya decidido.

A eso hay que sumar lo que no facturas (la cirugía, la hospitalización, el postoperatorio) y lo que deja de aprender tu equipo. No es una crítica: derivar es lo correcto cuando no puedes ofrecer el mismo nivel de seguridad. La cuestión es si puedes ofrecerlo con ayuda.

Qué necesitas para que una cirujana opere en tu quirófano

Menos de lo que parece. Para la mayoría de la cirugía de tejidos blandos, una clínica generalista bien montada ya tiene lo esencial:

  • Quirófano con mesa, lámpara y mesa auxiliar.
  • Máquina de anestesia con vaporizador, y monitorización: ECG, pulsioximetría, presión arterial y, a poder ser, capnografía.
  • Una persona dedicada a la anestesia durante toda la cirugía. Es el punto más importante de la lista.
  • Fluidoterapia, calentamiento activo y analgesia multimodal.
  • Hospitalización con alguien que pueda vigilar al paciente las primeras horas.

El instrumental específico (separadores autoestáticos, cajas de abdomen, material de perineal, suturas poco habituales, grapadoras si procede) lo trae la cirujana. Lo que no se puede traer en un maletín es un equipo que sepa anestesiar y vigilar.

Qué casos se quedan en casa

Con una cirujana externa y un equipo anestésico competente, lo habitual es asumir sin problema: piómetras complicadas, cesáreas, cuerpos extraños gastrointestinales, gastropexias, cistotomías y uretrostomías, masas cutáneas y mamarias con márgenes, esplenectomías, hernias perineales y diafragmáticas, cirugía de braquicéfalos, mucoceles salivares y cierres reconstructivos.

Qué casos conviene seguir derivando

Hay que decirlo con la misma claridad. Deberían ir a un hospital de referencia los pacientes que necesitan cuidados intensivos reales las 24 horas después de la cirugía, los que requieren transfusión sin que tengas acceso a hemoderivados, la cirugía torácica compleja o vascular, las intervenciones que exigen imagen avanzada intraoperatoria, y en general cualquier caso en el que la limitación no sea la cirujana sino lo que pasa después de la cirugía. Una cirujana itinerante honesta te lo dirá antes de ir.

Cómo se organiza la primera vez

  1. Envías el caso con historia, analítica e imagen. Se decide si es candidato.
  2. Se fija fecha, se acuerda lista de material y protocolo anestésico.
  3. Tu equipo informa al propietario y recoge el consentimiento. El cliente sabe que has traído a una especialista: eso suma, no resta.
  4. Cirugía en tu quirófano, con tu equipo asistiendo.
  5. Informe quirúrgico, pauta postoperatoria y muestras etiquetadas antes de que la cirujana se vaya. Seguimiento tuyo, con teléfono de apoyo.
El propietario no quiere el hospital más grande. Quiere que su veterinario de siempre resuelva el problema.

Un cálculo sencillo

Cuenta las cirugías de tejidos blandos que has derivado en los últimos seis meses. Pon al lado lo que habrías facturado por cada una, con hospitalización y revisiones. Resta los honorarios de una cirujana por intervención. Si el número que queda te parece pequeño, sigue derivando; si no, hablemos.